jueves, 23 de febrero de 2012

Literatos hablan de lingüística II: Javier Marías


Ya hace rato me había burlado de algunos literatos pedantes y engreídos (aquí), y también había comentado lo tonto de decir que las personas hoy en día tienen un vocabulario (más) pobre (aquí). Pero la verdad es que ambas entradas se quedan cortas frente a un texto que leí hoy. Como ya se habrán dado cuenta, es un comentario del escritor Javier Marías sobre cómo el ve el cambio lingüístico, la evolución de la lengua, sus variedades y todo lo relacionado con la sociolingüística. Por supuesto sus opiniones son supremamente bien informadas y se fundamentan en las más recientes teorías lingüísticas... AJAJAJAJ, no, no exactamente, es algo así como el Führer de los Grammarnazis.

No quiero sonar arrogante; Marías es realmente una figura muy importante en la literatura contemporánea, ha ganado una veintena de premios, y como traductor es muy reconocido (más detalles aquí). En este texto me centro exclusivamente en declaraciones publicadas el 20 de febrero en su blog.

Ahora sí, lo que dijo:

El escritor Javier Marías tiene “cada vez más la sensación” de que luchar contra el deterioro de la lengua “es una batalla perdida” y afirma que, “al ritmo que vamos”, dentro de cincuenta años los lectores tendrán dificultades no ya para entender el Quijote sino lo que escriben los novelistas actuales.
“Creo que es una batalla perdida la que todavía nos empeñamos en librar unos pocos, llamando la atención sobre los disparates que se dicen”, asegura Marías en una entrevista telefónica con Efe con motivo de la publicación del libro Lección pasada de moda, que reúne medio centenar de artículos de este gran escritor relacionados con el idioma español.
Pues menos mal se dio cuenta, llevamos 2000 años de historia (¿o es más?) de gente peleando por "el deterioro de la lengua", y todos han fracasado miserablemente. Lo verdaderamente interesante es por qué sigue habiendo quienes creen que pueden afectar en lo más mínimo esos "disparates" que dicen las personas a punta de insultos y regaños.

En ese libro, publicado por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores y con prólogo de Alexis Grohmann, responsable también de la edición, Marías trata de hacer frente a la “marea continua de disparates” que se oyen y escriben a diario y reflexiona sobre incorrecciones gramaticales y ortográficas, el lenguaje grosero e injurioso o el políticamente correcto, entre otras cuestiones.

Tradicionalmente, los hablantes han tratado de dominar la lengua, “unos con mayor soltura y otros con menos conocimientos”, le dice el escritor a Efe, pero “ahora da la sensación de que la lengua domina a los hablantes, de que es una especie de magma”.

“La lengua es una especie de sopa boba en la cual la gente chapotea. Todos los dichos, frases y modismos se utilizan indiscriminadamente”, asegura Marías antes de recordar que hace unos días escuchó la expresión “la relación de esta pareja va ‘miel sobre hojuelas’”. “Eso no significa nada. ‘Miel sobre hojuelas’ quiere decir una cosa buena sobre otra cosa buena, pero ya se confunde con ‘ir como la seda’”.

También oyó en un telediario que un determinado ciclista “se conoce los Pirineos ‘como anillo al dedo’. Será “como la palma de la mano”, dice con resignación.
Cuando alguien me dice que un hablante "trata de dominar la lengua" pienso inmediatamente en un gringo chapoteando español, o un niño con alguna patología, en una terapia de lenguaje. Decir que un hablante nativo trata de dominar su lengua es como decir que una persona trata de dominar su cultura. Realmente no tiene mucho sentido, las lenguas son lo que los hablantes hablan.

Elegido académico de la Lengua en 2006, este novelista cuya obra está traducida a más de cuarenta lenguas no ve bien que la Real Academia Española acabe aceptando ciertas incorrecciones con el argumento de que “están muy extendidas”.

“Eso es un error”, afirma tajante. “Evidentemente, la Academia no puede imponer nada; su función es orientar, sugerir y responder dudas” pero, “si se rinde ante los usos incorrectos, la gente se siente con permiso para utilizarlos”.
Yo sé, todo era mejor antes cuando las personas que querían innovar en la lengua tenían que ir a la RAE, llenar 20 formatos, y después de varios años de tramitología se les entregaba un certificado oficial autorizándolos para que hicieran uso del vocablo. Good old times...

Y es que, recientemente, Marías descubrió “con estupefacción” que la Academia ha aceptado la expresión “hacer aguas”, que “se emplea ahora continuamente en prensa y televisión para lo que es ‘hacer agua’”.

Como recuerda el novelista, tradicionalmente “hacer aguas menores sería hacer pis y aguas mayores, hacer caca”. Por eso, cuando en un partido de fútbol dicen que “el Barcelona empezó a hacer aguas a mitad de tiempo”, a Marías le suena “como si el equipo entero se hubiera puesto a orinar”. Tampoco “hace aguas” un bote ni la relación de un matrimonio.
Ahmmm... ¿aguántese? La verdad la expresión no la conocía, pero sinceramente hay que ser muy cerrado de mente para no entender ese invento del dizque cambio lingüístico.

“Pero me temo que es una batalla perdida”, insiste Marías a quien le preocupa la creciente pobreza de vocabulario que tienen los hablantes, para muchos de los cuales “empiezan a ser molestas y poco comprensibles las frases largas, con subordinadas o subjuntivos”.
Sigh, sigh, sigh, otra vez con lo del vocabulario empobrecido. Eso es simplemente falso. Uno de los universales lingüísticos menos disputados (realmente no conozco a ningún lingüista que lo ponga en duda) es que las lenguas naturales tienen un léxico supremamente extenso, mucho más extenso de lo que hace falta para la comunicación cotidiana (sí, incluye todas las lenguas ágrafas). Eso no significa que entre los ticuna haya unos pocos y egregios hombres que conozcan casi todas las palabras de la lengua, mientras que los vagos e ignorantes jóvenes solo balbucean unas 200. El léxico de las lenguas está en los hablantes, y aunque las palabras cambian y evolucionan con el tiempo, las personas nunca sufren de "vocabulario empobrecido".

Con respecto a la afirmación de que a las personas les molestan las oraciones con subordinadas y subjuntivos, Marías TIENE que presentar evidencia empírica, así no más es una opinión sin importancia.

“Un lector actual puede entender bien, con ayuda de notas a pie de página, el Quijote, un libro escrito hace cuatro siglos, pero creo que al ritmo de deterioro que lleva la lengua, sobre todo en España, dentro de cincuenta años más los lectores tendrán dificultades para entender, por ejemplo, mis novelas, las de Pérez-Reverte o las de Eduardo Mendoza”, señala.
De nuevo, sin evidencia empírica estas afirmaciones no son relevantes.

A la hora de buscar culpables, Marías señala a la televisión y a los medios de comunicación en general. “La gente que interviene en ellos cada vez habla peor y se contamina todo”. “Hasta en los propios telediarios se dicen barbaridades continuamente”, añade.
Con frecuencia el escritor arremete en sus artículos contra la corrección política aplicada al lenguaje, que desaconseja emplear términos como “judiada” o “negro”, entre otros.
“Normalmente quienes están tan preocupados por ese tipo de cosas son los verdaderos racistas”, subraya el autor de Los enamoramientos, esa excelente novela, considerada la mejor de 2011 por medios especializados y que se está traduciendo a más de veinte idiomas.
Obviamente, los malvados medios de comunicación. Realmente aquí no tengo mucho que decir.

Pero prepárense, la siguiente es la campeona, nunca había escuchado algo así:

Las lenguas, concluye Marías, “se han ido haciendo a lo largo de siglos y cada vez han sido más exactas y precisas, pero ahora tenemos la tendencia contraria: da igual matizar, da igual un término que otro, si al fin y al cabo nos entendemos”.
“Es cierto que nos entendemos, pero acabaremos haciéndolo como los hombres de las cavernas”, subraya.
ANA MENDOZA
¿Más precisas? ¿En serio? Por favor, que alguien me ilustre y me explique exactamente cómo el español del siglo XVIII era más preciso que el del siglo XVII, pero más el moderno es menos exacto que ambos... Y la última anotación sobre los hombres de las cavernas la sacó del estadio: ¡¡¡NADIE TIENE NI LA MÁS REMOTA IDEA DE CÓMO HABLABAN HACE 100.000 AÑOS!!!

Lo mejor del cuento es que es académico de la RAE. Sip... eso mismo. Javier Marías es miembro de la prestigiosa organización que vela por preservar intacto el español que nadie habla...



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